LA (MEJOR) NOCHE MENOS ESPERADA...

Grande fue nuestra sorpresa el lunes a la noche al llegar a la sede de la Asociación Argentina de Automóviles Sport, cuando al traspasar el umbral de la puerta un silencio de biblioteca dominaba la escena, y acercándonos al salón se podía percibir una voz sosegada y calma que acaparaba toda la atención, una voz distinta, la voz de un ... notable.

Efectivamente, quien vino acompañado de nuestro consocio y amigo Eduardo Riguet y se encontraba contando a los socios y amigos anécdotas imperdibles de su vida deportiva era nada más y nada menos que Guillermo "Yoyo"
Maldonado.
Y qué decir de Yoyo, no? Un fuera de serie en lo suyo con esfuerzo, talento y buenas artes: múltiple campeón en autos de fórmula -6 veces campeón de la Fórmula 2 Codasur-, campeón de TC 2000, un trabajador incansable en la preparación y construcción de autos de carrera, y -por sobre todas las cosas- un ser humano extraordinario.

La cena tuvo lugar para toda clase de historias: los viajes con el "mago" Oreste Berta, las 24 horas de Daytona, la puesta a punto del Berta VW por las calles de su amada 9 de Julio, las incredulidad de los Americanos cuando escuchaban que le sacaba 200 caballos a un motor 1500 cc varillero... de la década del 50!, sus periplos en moto con amigos, etc., etc., etc.
Anoche Yoyo fue todo eso y mucho más, si hasta tuvimos el honor de que nos dio las gracias por haberle permitido volver a subirse a un auto de carreras luego de casi 15 años en los "500 Km de Buenos Aires", a lo que la AAAS luego reconoció con una plaqueta que así lo testifica -y que la teníamos hecha desde fin de año, hasta que sus viajes en cosechadora le permitiesen venir a buscarla-...

Realmente anoche nos volvimos a casa contra nuestra voluntad -la reunión se nos pasó volando-, porque habíamos compartido una cena y una charla con uno de los tipos que cuando corría justificaba el pago de una entrada para verlo, y que desde lo humano nos demostró que además de un gran piloto es un verdadero "caballero del automovilismo".
FOTOS ROBERTO LANDER
TEXTO LEO BOUTET